Confesiones #01 : Diego Rojo

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mistress Andrea
mistress Andrea

Mistress Andrea me ha pedido que escriba una historia para su ella. Recordé que había escrito una muy larga hace tiempo por puro placer, solo para plasmar por escrito la fantasía que venía teniendo frecuentemente. Pero ya no la tengo, la borré en uno de mis ataques de arrepentimiento. Pensé que podría reescribirla, pero al recordarla me di cuenta de que mis intereses y fantasías habían cambiado y no sería capaz de reconstruirla mas que como un esqueleto de lo que fue, la perdí para siempre y eso me entristeció por el esfuerzo e interés que puse en ella. Tan solo un Amo que tuve online al que se la envié es el que puede tener una copia, pero seguro que se ha perdido.

Ese estado de ánimo me llevó a recordar todo lo que he ido perdiendo en toda mi vida que llevo buscando … , no sé qué he estado buscando desde que a los 8 años tuve mi primer orgasmo en una aburrida clase de lengua imaginando como torturaban mi pequeña colita.

Pero sí sé lo que he ido perdiendo por el camino: la ropa que he ido tirando en bolsas y cajas llenas de lencería, faldas, medias, tacones; comprada con tanta excitación y miedo en los grandes almacenes.

Las revistas, pornográficas al principio, luego especializadas en el bdsm junto con los comics de Stanton, Val, Picard, Manara o Ward; con un álbum de este último conseguí el récord de masturbaciones en un día. No quedan más que las que tenían buena encuadernación y una portada que no fuese muy comprometedora.

Los sitios donde buscaba lo relacionado con el sexo, primero los sex shops pequeños, escondidos, donde por primera vez pude ver películas de bdsm que me dejaban exhausto, luego los grandes clubs, con barras americanas y chicas bailando, horas pasadas viéndolas bailar mientras hablabas con alguna de ellas, las salas de cine x donde encontrabas sexo furtivo y rápido, vacío.

Con la llegada de internet me convertí durante una época en coleccionista de fotos, tenía miles en discos duros y cd’s, clasificadas por temas, que de vez en cuando tenía que borrar si temía que alguien pudiese acceder al ordenador. Las pasaba a cd’s que luego tenía que andar escondiendo en los sitios más variados. Junto con las fotos acabe acumulando videos, normalmente de Amas maltratando a hombres o dando órdenes a los sumisos que los veían. También tenía las historias que había ido escribiendo, los correos que había enviado a mis Amas online donde atendía a sus órdenes. No solo tenía fotos bajadas de internet, también acumulaba las que me había ido sacando en los escasos ratos que sacaba para vestirme, o atendiendo a instrucciones, fotos siempre humillantes, pero que conservaba con emoción. Todo ello acabó borrado o en la trituradora. Quedan tan solo las que aparecieron en un pen drive que pensaba se había estropeado.

También se fueron las cuentas de correo y en sitios relacionados con la dominación femenina, de Terra, Yahoo, Hotmail, AOL, Gmail, Outlook, tantos correos abiertos, cuentas en sitios como sissify o silkentrap, ebanned, findom; redes sociales como Facebook, Flickr, Twitter servicios de mensajería como YIM, skype, o incluso en juegos en línea como Second Life, todas ellas eliminadas y, al hacerlo, también desaparecían las personalidades creadas para cada sitio, más sumisas o más agresivas, dependiendo del sitio, pero en las que me iba transformando a medida que me relacionaba con el resto de la comunidad.

Desaparecieron también las Amas online, desde Ama Débora a la que primero serví hasta muchas otras, con sus distintos estilos de dominación, por correo, por webcam, con fotos o con mensajes, algunas falsas, sin capacidad de dominar, tan solo modelos que ponen la cara, otras con hombres detrás que son los que realmente dominan, pero algunas que hacían que se te acelerase el corazón cuando las veías en línea, asustado pero ansioso, algunas todavía activas pero con las que rompí toda la comunicación.

Y por supuesto las personas, pocas, con las que a lo largo del tiempo pude compartir mi pasión, siempre pagadas, pero volviendo una y otra vez con ellas, en barras americanas y en la calle, en las esquinas donde sabias que ibas a encontrar al travesti que era realmente dominante y entraba en el coche dando órdenes. Al final todas ellas fueron desaparecieron o se desvanecieron según mi tiempo y familia me hacían imposible salir a buscarlas después de las noches de copas y alcohol.

Y además se fue todo el esfuerzo, tiempo y dinero, mucho dinero en esta búsqueda. Por eso, cuando pienso en ello, llego a la conclusión que cualquier persona normal llega, hay que abandonar y olvidarse de todo y entonces es cuando tiro la ropa, cierro las cuentas, borro los ficheros y me prometo no volver a ello…; sin embargo, pasadas unas semanas, hago una búsqueda en internet y me salta alguna foto o paso por un escaparate con lencería especialmente sexy o veo una mujer altiva y guapa por la calle, de las que podría decirte lo que quisiese que tu harías lo posible por atenderla y entonces vuelves a buscar más, crear cuentas, vuelves a los clubs y a gastar dinero y todo comienza de nuevo.

Viendo lo que he sacado de ello, lo que me queda es tan poco que parece un sinsentido. Pero sigo sintiendo un ansia constante, como el vampiro de la película de David Bowie, El Ansia, de buscar esos momentos de locura en los que estás dispuesto a todo. Como ese niño que se corría probándose las bragas de su hermana o cuando el travesti bien dotado y tira de tu pelo con fuerza y te amenaza con no follarte si no te estas quieto y te quedas callado y sin moverte, apretando para que entre más, o cuando estas de rodillas besando los tacones a esa mujer arrebatadora que te abofetea y tortura hasta que le digas «si Ama» a otro cargo a la tarjeta de crédito. Son destellos de pasión que lo iluminan todo y que una vez desaparecen me hacen volver como loco a por más.

Pensando en esos momentos me dije «si Ama» y me puse a escribir este texto, aunque temo que haya quedado muy triste para su gusto.

A sus pies,

Diego Rojo

Cuéntame tu confesión : mistress.andrea10@gmail.com

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